‘Cien años de soledad’ estrena su segunda parte: así cobraron vida los personajes de Macondo a través del vestuario y el maquillaje
Llevar el realismo mágico de Macondo a una ficción es, de por sí, un gran reto. Hacerlo, además, dentro de un universo visual con códigos ya establecidos supone un desafío aún mayor. Ana del Río, diseñadora de maquillaje, asumió este reto al incorporarse a la segunda entrega de ‘Cien años de soledad’, la adaptación de Netflix.
“Para mí, lo más importante al crear, a través del maquillaje y el vestuario, fue ser fiel a nuestra cultura. ¿Cómo serían las personas si vivieran en Macondo en la vida real? Adaptar el contexto histórico a lo que para mí sería una persona en Macondo. Una mujer qué tendría para peinarse, qué cosméticos tendría o cómo sería su rutina del día a día y trabajar de que esto se refleje visualmente”, comenta Del Río a RPP.
Basada en el libro de Gabriel García Márquez, la segunda entrega, que acaba de estrenar sus siete episodios en Netflix, retoma los acontecimientos posteriores al levantamiento del coronel Aureliano Buendía y muestra las consecuencias de la guerra en la familia, en la casa y, por supuesto, en Macondo. El gran final está previsto para el próximo 26 de agosto.
‘Cien años de soledad’ presenta personajes femeninos fuertes, sensuales y, en muchas ocasiones, eróticos. Estas características también se construyen desde lo visual y plantean el desafío de representarlas sin recurrir a códigos evidentes o repetidos.
Ana del Río explica que, para mantenerse fiel al contexto de la historia, evitó pensar en cosméticos que todavía no existían en aquella época. En cambio, encontró otras formas de construir la sensualidad: el movimiento del cabello, el brillo de la piel y la sudoración se convirtieron en recursos fundamentales.
“Mucho tiene que ver el largo del cabello con el movimiento que se le da y los brillos. La piel brillante y la sudoración. Siento que fueron elementos que me permitieron generar diferencia en determinados momentos”, comenta.
La directora de maquillaje revela que uno de los retos fue ocultar cualquier rastro de la realidad actual de los personajes: cubrir tatuajes, esconder perforaciones y disimular procesos modernos en el cabello de las mujeres, como la keratina o el alisado. A esto se sumó la necesidad de mostrar cuerpos en distintas condiciones: personajes heridos, en contacto con la tierra o constantemente expuestos al calor y la humedad de Macondo.
“Usamos prostéticos para las heridas. En las escenas donde se ven enfermedades en la piel se usaron recursos como tatuajes de maquillaje y, nuevamente, prostéticos. Mucho del trabajo de maquillaje fue simplificar”, explica Del Río.
El paso del tiempo también se construyó a través de pequeños detalles. Para envejecer y modificar la apariencia de los dientes de los personajes, el equipo utilizó más de 40 placas dentales. También recurrieron a uñas postizas para conseguir un aspecto desgastado y acorde con las circunstancias de cada personaje.
Para Ana del Río, el resultado de esta segunda entrega fue “increíble”. A la satisfacción por el trabajo realizado se suma un componente personal: es bogotana de nacimiento y formó parte de una producción colombiana que lleva a la pantalla uno de los grandes clásicos de la literatura de su país.
La experiencia, además, trascendió su propio trabajo. Del Río destaca el impacto que tuvo la producción en la generación de empleo y en el intercambio de conocimientos dentro del equipo. “Yo tuve un trabajo detrás de 24 personas fijas y hubo semanas donde tuve 70 personas en maquillaje y peinado. Siento que es increíble reconocer la posibilidad de generar oportunidades, de compartir el conocimiento que se tuvo y también el conocimiento que se generó en equipo”, finalizó.
“Para mí, lo más importante al crear, a través del maquillaje y el vestuario, fue ser fiel a nuestra cultura. ¿Cómo serían las personas si vivieran en Macondo en la vida real? Adaptar el contexto histórico a lo que para mí sería una persona en Macondo. Una mujer qué tendría para peinarse, qué cosméticos tendría o cómo sería su rutina del día a día y trabajar de que esto se refleje visualmente”, comenta Del Río a RPP.
Basada en el libro de Gabriel García Márquez, la segunda entrega, que acaba de estrenar sus siete episodios en Netflix, retoma los acontecimientos posteriores al levantamiento del coronel Aureliano Buendía y muestra las consecuencias de la guerra en la familia, en la casa y, por supuesto, en Macondo. El gran final está previsto para el próximo 26 de agosto.
‘Cien años de soledad’ presenta personajes femeninos fuertes, sensuales y, en muchas ocasiones, eróticos. Estas características también se construyen desde lo visual y plantean el desafío de representarlas sin recurrir a códigos evidentes o repetidos.
Ana del Río explica que, para mantenerse fiel al contexto de la historia, evitó pensar en cosméticos que todavía no existían en aquella época. En cambio, encontró otras formas de construir la sensualidad: el movimiento del cabello, el brillo de la piel y la sudoración se convirtieron en recursos fundamentales.
“Mucho tiene que ver el largo del cabello con el movimiento que se le da y los brillos. La piel brillante y la sudoración. Siento que fueron elementos que me permitieron generar diferencia en determinados momentos”, comenta.
La directora de maquillaje revela que uno de los retos fue ocultar cualquier rastro de la realidad actual de los personajes: cubrir tatuajes, esconder perforaciones y disimular procesos modernos en el cabello de las mujeres, como la keratina o el alisado. A esto se sumó la necesidad de mostrar cuerpos en distintas condiciones: personajes heridos, en contacto con la tierra o constantemente expuestos al calor y la humedad de Macondo.
“Usamos prostéticos para las heridas. En las escenas donde se ven enfermedades en la piel se usaron recursos como tatuajes de maquillaje y, nuevamente, prostéticos. Mucho del trabajo de maquillaje fue simplificar”, explica Del Río.
El paso del tiempo también se construyó a través de pequeños detalles. Para envejecer y modificar la apariencia de los dientes de los personajes, el equipo utilizó más de 40 placas dentales. También recurrieron a uñas postizas para conseguir un aspecto desgastado y acorde con las circunstancias de cada personaje.
Para Ana del Río, el resultado de esta segunda entrega fue “increíble”. A la satisfacción por el trabajo realizado se suma un componente personal: es bogotana de nacimiento y formó parte de una producción colombiana que lleva a la pantalla uno de los grandes clásicos de la literatura de su país.
La experiencia, además, trascendió su propio trabajo. Del Río destaca el impacto que tuvo la producción en la generación de empleo y en el intercambio de conocimientos dentro del equipo. “Yo tuve un trabajo detrás de 24 personas fijas y hubo semanas donde tuve 70 personas en maquillaje y peinado. Siento que es increíble reconocer la posibilidad de generar oportunidades, de compartir el conocimiento que se tuvo y también el conocimiento que se generó en equipo”, finalizó.
